¿Cómo divorciarse en Wisconsin?
Divorciarse nunca es una decisión fácil. Para muchas familias inmigrantes, además del dolor emocional, aparecen preguntas muy concretas: ¿qué pasa con la casa?, ¿quién se queda con los hijos?, ¿importa mi estatus migratorio?, ¿puedo divorciarme si mi pareja no quiere?, ¿qué pasa si tenemos propiedades en otro país?
En una conversación con MIWISCONSIN, Jesús Alberto Quiroga, comisionado de la corte del Condado de Dane, explicó los puntos básicos que toda persona debe conocer antes de iniciar un divorcio en Wisconsin.
El divorcio no necesita una “culpa”
En Wisconsin, una persona no tiene que demostrar que hubo infidelidad, abandono o maltrato para poder divorciarse. Basta con que una de las dos partes quiera terminar legalmente el matrimonio.
Esto es importante porque muchas personas creen que si su pareja no firma, no responde o simplemente dice “yo no te voy a dar el divorcio”, el proceso se detiene. No es así. Si una persona solicita el divorcio, la corte puede continuar el caso aunque la otra parte no quiera participar.
Después de presentar la petición de divorcio, Wisconsin exige un período mínimo de espera de 120 días. Según Quiroga, este tiempo permite que la pareja piense bien la decisión, que se revisen los bienes, deudas, cuentas bancarias y, si hay hijos, que la corte pueda evaluar qué es lo mejor para ellos.
En casos donde ambas personas están de acuerdo, el proceso puede avanzar de manera más sencilla. Pero si hay disputas sobre propiedades, dinero, custodia o violencia doméstica, el divorcio puede tardar mucho más.
Uno de los errores más comunes es pensar: “Yo trabajé, yo compré la casa, yo pagué el carro, entonces todo es mío”.
En Wisconsin, la regla general es que lo adquirido durante el matrimonio pertenece a la pareja, no solamente a quien ganó el dinero. La ley ve el matrimonio como una sociedad económica.
Hay excepciones, por ejemplo, si antes o durante el matrimonio se firmó un acuerdo legal válido y detallado sobre la propiedad. Pero sin ese tipo de acuerdo, lo normal es que los bienes y deudas se dividan de manera justa.
Muchas familias latinas tienen casas, terrenos, ranchos o cuentas en sus países de origen. Según explicó Quiroga, esas propiedades pueden ser consideradas dentro del divorcio, dependiendo del caso.
La corte puede evaluar cuánto duró el matrimonio, cuándo se adquirieron esos bienes y si forman parte de la vida económica de la pareja. No siempre se trata igual un matrimonio de cinco años que uno de 30 años.
Ocultar dinero puede traer consecuencias
Durante un divorcio, ambas partes deben presentar información financiera. Si alguien esconde cuentas bancarias, ingresos en efectivo, propiedades o deudas, puede enfrentar consecuencias legales.
La corte puede ordenar información a bancos, revisar reportes de crédito, analizar gastos y exigir documentos. Mentir bajo juramento puede terminar en multas, pago de honorarios legales de la otra parte e incluso sanciones por desacato.
El estatus migratorio no impide divorciarse
Uno de los puntos más importantes para la comunidad inmigrante es que una persona puede solicitar un divorcio sin importar si tiene papeles, visa vencida o está indocumentada.
La corte de familia no está para investigar el estatus migratorio de quienes buscan divorciarse. Lo que necesita es identificar a las partes, conocer la información del matrimonio y resolver los asuntos legales correspondientes.
¿Qué pasa con los hijos?
Cuando hay niños, la corte analiza dos temas principales: la custodia legal y la custodia física.
La custodia legal tiene que ver con quién toma decisiones importantes sobre los hijos, como educación, salud, religión o asuntos mayores de su vida. La custodia física se refiere al tiempo que los niños pasan con cada padre.
Si los padres no se ponen de acuerdo, la corte puede nombrar un abogado para representar los mejores intereses de los menores y ordenar investigaciones con trabajadores sociales u otros profesionales.
En casos de violencia doméstica, abuso, problemas graves de salud mental o consumo de drogas, la corte puede ordenar visitas supervisadas o limitar el contacto para proteger a los niños.
Si hay violencia doméstica, hay ayuda
Muchas personas no se divorcian por miedo. Miedo a represalias, amenazas, perder a los hijos o quedarse sin dinero. En esos casos, existen órdenes de restricción y organizaciones comunitarias que pueden acompañar a las víctimas durante el proceso.
Quiroga mencionó que en Madison existen organizaciones que ayudan a víctimas de violencia doméstica, incluyendo servicios en español. Pedir ayuda puede ser difícil, pero puede marcar la diferencia entre seguir atrapado en una situación peligrosa o empezar un proceso de protección.
Después del divorcio, hay que esperar para volver a casarse
Una vez finalizado el divorcio, Wisconsin exige esperar seis meses antes de volver a casarse. Si una persona se casa antes de ese tiempo, ese matrimonio puede no ser válido.
La regla aplica incluso si la persona quiere casarse con alguien diferente o con la misma persona de la que se divorció.
Una decisión legal, emocional y familiar
El divorcio no es solo llenar formularios. Es una decisión que puede afectar la vivienda, los ahorros, las deudas, los hijos, la estabilidad emocional y hasta los vínculos con familiares en otros países.
Por eso, antes de iniciar el proceso, es recomendable buscar orientación legal, revisar documentos importantes, no ocultar información financiera y, si hay violencia o miedo, pedir ayuda de inmediato.
En Wisconsin, una persona no tiene que quedarse en un matrimonio por miedo, por falta de papeles o porque la otra parte no quiere firmar. La ley permite iniciar el proceso y la corte puede tomar decisiones para proteger derechos, bienes y, sobre todo, a los niños.
Porque a veces divorciarse no es destruir una familia. A veces es la única manera de salvar lo que todavía queda de paz.
FUENTE: Redacción






